17 jun 2010

El dólar tiene "cinco colores" y surge un nuevo índice para medir el humor social.

El Gobierno intensificó controles y es así como el billete verde muestra distintas cotizaciones según el mercado al que recurran particulares y empresas.

Al Capone, a pesar de no haber formado parte de la famosa Escuela de Chicago, sabía mucho sobre el funcionamiento de los mercados.


Es que en los tiempos de la prohibición de las bebidas alcohólicas quedó en evidencia que, mientras exista una demanda por un producto, siempre habrá alguien dispuesto a dar la oferta, por más controles o impedimentos que la autoridad de turno quiera imponer.

El famoso gángster no cumplió otro rol que el que, en la jerga de los economistas, se denomina “arbitrar”.

Ante mayores controles que restringían la oferta de whisky, él satisfacía la demanda, claro que a un precio mucho mayor que el de equilibrio.

Muchas décadas después, y varios kilómetros al sur de Chicago, los argentinos han tenido amplias oportunidades de comprobar cómo funciona el mercado cuando se multiplican las restricciones.

Sólo que esta vez no se trata del alcohol, sino de otro objeto de deseo que provoca tanta o más adicción: el dólar.

Cada vez que se establecieron prohibiciones, restricciones o controles, no sólo no se consiguió extinguir el ansia por comprar divisas, sino que más bien se exacerbó.

En esos casos, la plaza cambiaria respondió con la creación de un mercado paralelo, a un precio siempre más alto que el del tipo de cambio oficial.

El expertise de los argentinos en este tema quedó definitivamente probado durante la crisis del “corralito”, a fines de 2001.

Dicho mercado, que hacía una década había desaparecido, se rearmó en cuestión de días.

Así, las “cuevas” y los “arbolitos”, que eran desconocidos para toda una generación, volvieron a formar parte del folclore urbano.

Desde ese entonces, ha regido un sistema cambiario relativamente libre.

De todas formas, el mercado paralelo, rebautizado como dólar “blue”, se mantuvo en actividad.

Incluso, en algunos momentos de gran demanda de divisas -como ocurrió durante el conflicto entre el Gobierno y el campo- llegó a mover un volumen estimado en más de u$s300 millones mensuales.

Ahora, ante un escenario en el que se ha consolidado una salida estructural de dólares, el Gobierno empieza a tomar mayores recaudos, previendo que en este segundo semestre le resultará más difícil controlar la plaza cambiaria.

En consecuencia, el fantasma de un resurgimiento del mercado negro se volvió a instalar.

“La experiencia histórica de la Argentina indica que, cuando aparecen los controles, la demanda se traslada al mercado informal. Lo habitual es que la consecuencia no se vea reflejada en un incremento de los volúmenes negociados, sino en la suba de la cotización”, señala Gustavo Quintana, experto en monedas de Portfolio Personal.

Su colega, Carlos Risso, directivo de la consultora Zonabancos y ejecutivo del Banco Meridian, recuerda que “todo control cambiario ha generado, casi sin solución de continuidad, un posterior descontrol”.

Todos los dólares, el dólar

Las recientes medidas implementadas por el Gobierno para controlar la plaza cambiaria tienen como objetivo, según la explicación oficial, hacer más transparente la operatoria.

En este contexto dispuso que, para todas aquellas adquisiciones mayores a u$s20.000 por mes, sea obligatorio realizar la operación desde una cuenta bancaria y deba presentarse la información patrimonial que justifique el origen de los fondos.

También busca limitar la salida de grandes sumas de dinero, que habitualmente utilizan como mecanismo de fuga el comprar un título público en el mercado local, revenderlo en los Estados Unidos y convertir lo obtenido en billete verde, fronteras afuera.

Hace dos años, se había introducido otra serie de exigencias tendientes a combatir la presencia de “coleros” que compraban para terceros.

En aquella oportunidad se estableció el requisito de presentar números de CUIT o CUIL, además de recibos de pagos de servicios o cobro de sueldos.

Aquella medida le dio mayor impulso al dólar “blue”, que se negocia sin pedidos de documentación.

Lo cierto es que hoy, lejos de tener un único valor para la divisa, el mercado argentino ofrece varias cotizaciones:
  1. El “verde” o minorista. Es el precio del billete que usted compra cuando se dirige a una casa de cambio (los veteranos todavía lo llaman “dólar pizarra”).

    En general lo adquieren los particulares y ahorristas y es el que recientemente fue objeto de los nuevos controles.

  2. El mayorista. Es el del mercado interbancario, al que recurren principalmente las empresas exportadoras (que venden las divisas que reciben de sus ventas al exterior) como así también las importadoras (que compran billetes para poder pagar los productos que traen de afuera). Es el que sigue de cerca el Banco Central y en el que debe intervenir para evitar fluctuaciones bruscas.

    Actualmente, la diferencia entre este dólar (que cotiza más bajo) y el minorista es de 1,4 centavos. Está en $3,926 contra $3,94.

  3. El “blue”. Es el que se vende en las “cuevas” o el que ofrecen los “arbolitos” en las calles de la city. Quienes recurren a este mercado tratan de escapar de las limitaciones en cuanto a volumen o controles que implican presentar documentación.

    Hasta antes de las nuevas medidas, había un punto porcentual de diferencia respecto del dólar oficial. Luego subió hasta $4,05 para estabilizarse en torno de $4,02. Los expertos de la city creen que la brecha respecto del dólar oficial podría consolidarse en 3%.

  4. El negro o “contado con liqui”. Es la modalidad preferida por las grandes empresas que quieren sacar del país importantes sumas sin pasar por la lupa del Banco Central. Hizo furor tras la crisis de la convertibilidad. Luego perdió protagonismo. Pero está recuperando volumen ahora, ante la perspectiva de mayores restricciones.

    Consiste en la compra de un título nominado en dólares, que también cotice en los Estados Unidos. Los casos típicos son las acciones de empresas argentinas listadas en Wall Street, o los bonos soberanos.

    Una vez comprado el título (con pesos), se lo revende en Estados Unidos (en dólares) y ese dinero generalmente queda depositado fuera del país. Luego de las últimas medidas del Central, llegó a $4,11 para luego bajar hasta los $4.

  5. El de mercado de futuros. No es un billete propiamente dicho sino un índice, que marca la expectativa de los inversores sobre cómo evolucionará la cotización. Funciona como un seguro de cambio, ya que en este tipo de mercados, como el Rofex, es posible hacer contratos que permiten (pagando una prima) asegurarse la compra de un determinado monto, dentro de unos meses, a un precio preestablecido en el presente.

    Desde el año pasado, el Banco Central adoptó la estrategia de intervenir vendiendo grandes cantidades, cuando notaba que las expectativas de devaluación del peso subían, para así “planchar” la cotización. Esto, sin la necesidad de “quemar” grandes montos en el mercado de contado (spot).

    En este momento el valor futuro de la moneda a un año está indicando que los inversores prevén un alza del billete del 12,2%, cuando hace algunas semanas la misma apenas superaba el 9 por ciento.



Malos antecedentes


¿Por qué los economistas creen que los controles podrían ser contraproducentes? Básicamente, por las lecciones de la historia, tanto local como internacional.

Un ejemplo claro y actual de que esto nunca es eficiente es Venezuela, que empezó con un mercado normal; después lo desdobló en un dólar comercial y otro financiero; luego agregó uno petrolero, otro de importación. Y ahora también quiere controlar el paralelo y así es que surge un nuevo dólar, paralelo al paralelo, que cotiza más caro”, ejemplifica Fernando Marengo, economista jefe del Estudio Arriazu.

El analista describe cuáles fueron las consecuencias típicas del control de cambios en la experiencia argentina:

  • Los exportadores solían subfacturar sus ventas, para poder liquidar dólares a una cotización más alta en el mercado paralelo.

  • En tanto, los importadores hacían lo contrario, comprando divisas en exceso al precio oficial, para luego revender más caro.

"Se generaba tal distorsión y se achicaba tanto la oferta de divisas en el mercado oficial, que finalmente siempre se terminaba forzando a una devaluación”, recuerda Marengo.

Es cierto que la situación actual dista de tener la misma gravedad que la de las décadas pasadas, por dos motivos: primero, los controles no son (al menos por ahora) tan distorsivos como los de otras épocas; segundo, el Banco Central cuenta con reservas lo suficientemente abundantes como para controlar la cotización.

Sin embargo, se percibe cierta inquietud en el mercado. “Hay algunos síntomas de nerviosismo, como el hecho de que esté subiendo el costo de cubrirse contra una posible devaluación”, señala Quintana, de Portfolio Personal.

Para el analista, ya no puede hablarse de un mercado de cambios “único y libre” en la Argentina, porque los impuestos aplicados al comercio exterior distorsionan la operatoria.

Respecto de la cotización que pueda alcanzar el “blue”, Quintana considera que estará en relación directa con la percepción de inestabilidad que perciba el sector privado.

“Es probable que en el correr de los días la brecha entre el oficial y el blue se amplíe un poco más, pero no veo nada de descontrol”, agrega, por su parte, Risso, de ZonaBancos.

El directivo sustenta su pronóstico en el poder de fuego que demostró el Banco Central para disciplinar al mercado en momentos de crisis política, como la del conflicto que enfrentó al Gobierno con las gremiales rurales en 2008.

No obstante, hay quienes señalan que, si bien los más de u$s48.000 millones que tiene en sus arcas el BCRA imponen respeto, las expectativas para el segundo semestre muestran una desmejora.

Los motivos para pensar en una situación menos holgada son:

  • La disminución en el saldo de la balanza comercial, debido a que el momento de la gran liquidación por la venta de soja está por terminar. Y, al mismo tiempo, el ritmo de importaciones, que viene creciendo muy por encima de las exportaciones, sin que el Gobierno tenga éxito en frenarlas mediante trabas aduaneras.

    Cabe destacar que, en los primeros cuatro meses del año, la balanza comercial tuvo una desmejora del 31%, en términos interanuales.

  • La fuga de capitales, que no disminuye. Tras un período de calma hacia finales del año pasado, la compra de dólares volvió a cobrar protagonismo. En efecto, en los primeros cinco meses del año la salida fue de u$s3.347 millones, y los analistas hacen referencia a un “piso estructural” no menor a los u$s650 millones mensuales.


Consumir o dolarizar: esa es la cuestión


En este contexto, los analistas interpretan que los controles que obstaculizan la compra de dólares tienen por objeto mantener bien arriba las cifras de la actividad comercial, que empujaron un fuerte crecimiento de la economía en el primer semestre.

“Al Gobierno le sirve que los privados reciban aumentos salariales elevados, siempre que esos pesos vayan al consumo, no a la compra de dólares”, señala Marengo.

En tanto, los depósitos nominados en moneda extranjera muestran un aumento en volumen del 4,7% en mayo (contra un 1,7% de las colocaciones en pesos), según consigna un reporte de Deloitte.

Mientras tanto, la brecha del blue con el verde todavía es pequeña, si se la considera en términos históricos, si bien eso no quiere decir que no preocupe.

Cada vez que suba la cotización del mercado informal, es un síntoma de que hay percepción de incertidumbre y de una mayor voluntad de refugiarse en dólares”, afirma Quintana.

Sus palabras encuentran eco en la experiencia que recuerda un economista de aquellos años ochenta: “La salida de capitales es algo muy volátil. Si aumentan los controles y la brecha del dólar paralelo con el oficial llega a 20%, eso es indicativo de que hay un escenario de fuga muy fuerte”.

En todo caso, lo que queda claro es que, a partir de ahora, el "dólar blue" se transformará en un indicador más que importante para medir la economía y el humor social.

Fernando Gutiérrez
© iProfesional.com
17/06/2010

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